Enero, mes de frío y de hielo… Como cada año, ha transcurrido lento y pesado. Las calles vacías, huelen a leña que arde en las chimeneas. El invernal viento del norte enfría mi cara y mis manos y empiezo a sentir el dolor en mi nariz y orejas. No obstante, me gusta notar este gélido viento recorrer todo mi cuerpo.
Las calles, en la madrugada, amanecen heladas, así como las hierbas y los naranjos, deseosos de que la luz del día vuelva a calentar sus hojas. La humedad del campo, y las acequias se tornan de hielo cristal. Es difícil andar por las calles heladas sin evitar resbalarse. Un perrito se desliza en el hielo y cae, luego le ladra al suelo, muy enojado, como si fuese el culpable de tal maldad.
Pero poco a poco enero termina y los días, auque fríos se hacen mas largos. Ya no anochece tan temprano y vamos pensando ya en la primavera que pronto llegará por estas tierras. Los almendros han florecido, valientes, luchando contra el frío. Siempre son los primeros en anunciar que cuando termina enero ya nos queda menos de invierno.
Febrero, marzo…el tiempo pasa pronto. Y de nuevo llegara otra vez el temido pero al mismo tiempo adorable enero.