Poco de mis primeros años recordaba, como alguien cualquiera, que de sus primeros pasos solo recuerda lo que le cuentan. A mi poco me contaron pero tampoco me preocupaba lo que en mi tierna infancia me sucediera. Así pasaron los años sin pensar en eso apenas hasta que un día desgraciado lo que no quería saber me cantaron.
Resultó que yo no era quién creía ser, traído de tierras lejanas, no nací en lo que yo consideraba mi casa. Con el corazón en un puño y el alma deshilvanada, días sombríos pasé, ¿Por qué tenia que ser yo un inmigrante?
Pero el paso del tiempo le dio a mi alma una nueva dimensión, quizá peor que la que tenía. Un alma vacía quedó, ausente, sin vida. Peores momentos no he pasado aun, puesto que ¿no es peor la falta de sentimientos que la tristeza?
De este hoyo salí, no se me asusten. Aunque malos recuerdos tengo, estos momentos sirvieron para poder pensar sin el estorbo de las emociones, en soledad durante largos ratos.
De esta manera concluí que, aun habiendo nacido lejos, solo una tierra conocía, y que tan mía era como de ellos. Jamás seria un extranjero aunque lejos de mi hogar estuviera. Sí, australiano era, pero hispano de corazón por tanto me quedaré en estas tierras. Alzando mis ramas al sol como un eucalipto cualquiera.